“La brecha económica de este país me da ira”

El Mercurio. Santiago, Chile. Revista Ya. 24/11/2009

Es un motor de ideas y de esfuerzo. Hizo una fundación para atraer a los niños a la lectura y no sólo lo logró, sino que fue elegida por revista Sábado y la Fundación Schwab como la Emprendedora Social del Año. Luego, de América Latina. Una sucesión de premios que la tienen lista para participar en el Foro Económico Mundial en Davos.

Margarita Serrano

Nunca se sacó un premio en el colegio. Ni ganó un concurso. Ni siquiera era una alumna destacada, salvo por su simpatía y humor. Y este año por primera vez se ha ganado tres premios, nacionales e internacionales. La Fundación Schwab, organizadora del Foro Económico Mundial con sede en Suiza, la eligió junto a revista “Sábado” como la mejor Emprendedora Social del Año en Chile -en la cuarta versión del concurso- y luego fue elegida la mejor de América Latina, lo que la llevará a participar en la reunión anual de Davos y más tarde a Dubai.

Ella es la más impresionada con todo este reconocimiento simultáneo después de haber luchado más de 20 años para “reducir la brecha de la desigualdad en Chile” a través de la educación, como dice. Porque no eligió un tema simple para contribuir. Se puso una meta compleja que muchos han intentado sin mayor logro: mejorar la calidad de la educación a través de la lectura. Y no la lectura escolar, no. Es mediante el “placer de leer” que está fomentando el hábito en niños de escasos recursos entre prekinder y cuarto básico.

Es tanta la pasión con que se expresa, que las palabras se atropellan y las frases en general no se terminan. Es alta, grande, tiene una sonrisa amplia con mucho diente, y el pelo negro azabache. Todo parece ser generoso en su aspecto y en su mente. No se está con chicas. Es cierto, como dice, que lo mejor que le ocurrió fue haber comenzado su proyecto propio, porque no debe caber en otro, tiene demasiada energía y convicción para agachar el moño.

Sin embargo, no parece ser arrogante. Al menos su éxito actual de ser reconocida por una entidad tras otra, nacional e internacional, y convertirla en la emprendedora más destacada la sorprende mucho más de lo que la elogia. No se lo cree mucho, pero no puede dejar de estar contenta. Debe estar soñando con más libros, más cojines, más alfombras, más disfraces para sus bibliotecas. No tiene pinta de estar soñando con más ropa o joyas para ella.

No es tan raro que derribe todos los obstáculos y siga adelante con energía positiva y fresca. Después de todo, tiene mucha sangre palestina en sus venas y sus antepasados no han hecho más que emprender en la total dificultad. Ella lo reconoció en la Fundación Belén 2000, cuando le dieron el premio Edward Said y lució su kafiye al cuello y dijo delante de mil 500 personas, con la bandera de Palestina flameando junto a la chilena, que sus antepasados que habían venido de tan lejos le dejaron la responsabilidad de ser una emprendedora.

-No sabía que era emprendedora social hasta que lo leí en la prensa (se ríe). Decía que los emprendedores eran los que resuelven problemas, no los idealistas; los que se manejan con la innovación y no con la caridad; los que no piden donaciones sino que usan estrategias de emprendimiento para alcanzar el cambio social. Eso decía la representante de la Fundación Schwab. Me gustó leerlo. Yo había creado la Fundación la Fuente para realizar un trabajo que resolviera un problema. Tuve claro que quería que fuera sustentable. No quería pedir caridad nunca más.


Pan por queso

Verónica Abud trabajó 12 años como gerenta general de la Fundación Educacional Barnechea, que tenía dos colegios para niños de escasos recursos. La dirigían Gonzalo Vial y su mujer, María Luisa Vial. Recuerda que allí terminó consiguiendo que la recibieran porque era la señora de Albert Cussen (empresario), quien en ese momento era presidente de Provida… “y no porque mi proyecto era necesario”. Las verdaderas luces emprendedoras se asomaron cuando empezaron a formar escuelas para los hijos de los trabajadores de las empresas donantes. Hicieron 15 escuelas a lo largo de Chile para Celulosa Arauco, Cholguán, Sopesa, etc. Y ellos pagaban esa asesoría.

-Así podíamos mantener el proyecto de 800 niños a los que había que alimentar y educar. En ese momento la subvención estatal era de 25% y para llegar el 75% nos teníamos que poner las zapatillas y correr. La dependencia con las empresas es muy distinta cuando se entrega un trabajo que cuando se les pide plata.

Ahí le tomó el gusto a generar recursos y no pedir. Pero cuando empezaron a crear colegios para gente de un nivel socioeconómico más alto, como en Valdivia o en Puerto Varas, ella dejó la fundación para desarrollar algo propio. “Quería crear un lugar sin ninguna vinculación política ni religiosa. Igual me dio mucha pena irme. Me quedé sentada en la colcha de mi cama llorando a mares. Habían sido 12 años importantes en mi vida”.

Tenía 47 años, cuatro hijos y el título de profesora básica de la Universidad Católica que la había llevado a hacer clases en el colegio Villa María durante diez años. Ahora estaba con ese montón de energía que le sale hasta por los poros, llena de ideas y sin saber bien cómo ordenarlas en algo útil para la comunidad.

-¿Por qué se le antojó enfocarse en los libros en un país con tantas necesidades más urgentes?
-Porque desde la biblioteca se irradia a los otros contenidos. Hacer un colegio es una magnitud de recursos demasiado grande, en cambio la biblioteca es algo muy acotado.

-¿Cómo lo descubrió empíricamente? ¿O es por lo mismo que todos sabemos: que la lectura es ilustrativa y hace crecer?
-Muy simple. Cuando hice el máster en Educación de la Universidad de Virginia, basé mi tesis en el estudio de las variables que influían en el mejoramiento sustantivo de los niños de las escuelas que nosotros hacíamos. El estudio reveló que la variable que los hacía calificar mucho mejor que otros colegios era la lectura. Ahí me di cuenta de que una biblioteca entretenida, fácil de acceder, abierta y viva es el corazón de un colegio. En eso me declaro ahijada de la Lucha Vial y Gonzalo.

-¿Qué pasó después del llanto en la colcha de su cama?
-Di un par de vueltas, no me sentía capaz de hacer algo propio. Primero estuve en Paternitas, pero no pude con la falta de esperanza de los presos; en la pobreza -no importa cuán grande sea- hay mucha esperanza. Luego entré a la Fundación Chile Unido y el día que me censuraron un libro para una biblioteca porque hablaba de la importancia de la píldora anticonceptiva en los años 60, me enteré que la entidad era de los Legionarios de Cristo. ¡Qué gansa, qué gansa fui! Por ese tiempo me encontré con Fernando Léniz quien me estimuló a crear una fundación. Pero, don Fernando, le dije, si para eso hay que ser muy importante… Pero él insistió en ser el vicepresidente, nombramos un directorio de gente abierta y creativa, mi marido puso plata y partimos.

Fuente de placer

El año 2000, con su hijo Felipe, que estudió literatura, lograron darle existencia jurídica a la Fundación La Fuente y partieron. El primer proyecto fue financiado por la Fundación Andes y se llamó “Creando los lectores del mañana”.

-El concepto es desarrollar el placer de la lectura. No la lectura obligatoria. Por lo tanto hay que instalar una biblioteca con muebles bajos, colores llamativos, una persona a tiempo completo que sea la animadora de la lectura, muchos libros, muy pocos ejemplares de cada uno porque la idea es desescolarizar la lectura. Si desarrollan el placer de leer, van a continuar leyendo. Eso está demostrado.

-¿Usted lee mucho?
-Mucho, pero sólo por recreación. Es lo más fascinante que puede haber. Me tocó vivir con mis propios hijos lo que era fomentarles la lectura. Me gustaba leerles cuentos porque así conocían otros mundos.

-Esa es la experiencia básica de cualquier mamá. Y tampoco tenía buenas notas en Castellano en el colegio… ¿Por qué entra con tanta energía en los libros?

-Sí, era mala para el Castellano, terminé con un cuatro coma algo. Por otro lado, en mi casa había tomado contacto con los libros, pero también en forma muy básica. Yo llegué aquí por otro camino. Es una vuelta más larga. Siempre me complicó la pobreza y me rebelaba frente a la injusticia social. Si no hubiera nacido en el medio en que nací, habría sido del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, porque me produce una rabia infinita que un pobre, porque nace pobre no tenga las mismas posibilidades de desarrollarse. La brecha económica que existe en este país me da ira. Y siempre fue así, a los 14 años iba a las poblaciones a trabajar con el grupo del Saint George. En el pedagógico, entre los años ‘69 y ‘73, lo único que hice fue tirar piedras y no aprendí nada. Entonces, cuando me convertí en la “Miss Verónica” del Villa María, sentí una gran frustración porque me hacía falta una pata social. Cuando conocí a la Lucha Vial se me unió por fin esto de trabajar con niños, que me gustaba mucho, pero además contribuir con los sectores de bajos recursos. Trabajar para achicar la brecha social y hacerlo a través de la educación. Eso era lo que yo quería. Por ahí llegué a que la lectura es un atajo para avanzar en la educación.

Logros en números

En nueve años de existencia, la Fundación La Fuente se ha convertido en el oráculo de las bibliotecas populares en Chile. En ella trabajan 98 personas. Su centro de acción principal es el programa “Creando los lectores del mañana”, que se implementa en bibliotecas escolares y bibliotecas públicas con red escolar. Ellos las diseñan, compran los libros, capacitan a profesores, realizan las actividades de animación y durante dos años supervisan los resultados. Tienen además 42 bibliomóviles que recorren las escuelas de Chile. Hasta ahora, han formado 68 bibliotecas; se han beneficiado a más de un millón de personas con una inversión de nueve millones de dólares.

-Pero, además, están trabajando con la empresa privada, los Mall Plaza…
-Un día llegó este regalito de Dios. Unos señores me vinieron a buscar para que fuera al Mall Plaza Vespucio. Me dicen que tenían ganas de contar con una biblioteca en el mall. Con todo el riesgo del mundo, les dije que nosotros se la hacíamos. Y nos lanzamos a la piscina. Lo que hago es que les hablo a los empresarios en su idioma, les planteamos los costos con total transparencia, usamos la Ley de Donaciones Educacionales, les informo de los indicadores, de lo que se va a obtener. Nos pidieron que además la administráramos, por lo cual también le cobramos. Hoy tenemos diez Bibliotecas Vivas en los Mall Plaza. Esto nos da una entrada permanente que nos hace sustentables, lo que es muy importante.

-¿Y ahí se animó a presentarse al concurso de emprendedores sociales?

-Cuando vi que pedían a personas que supieran manejar la caridad como un negocio sustentable, que había que ser creativo para buscar caminos hasta obtener lo requerido pensé, ¡yo soy eso! (se ríe). Es que si tú supieras lo que es lograr hacer algo, a pesar de todas las barreras. A mí el gobierno no me da plata, las señoras de las bibliotecas me odian porque las hago trabajar, los profesores también. Porque cuando uno llega a solucionar un problema es porque había una falencia de parte de ellos. Por eso todos te miran muy mal. En fin, entonces me presenté al concurso y cuando me dijeron que me lo había ganado me sentí como la Miss Chile. Ohh, llanto, ohh.

Su nombramiento en 2009 como la Emprendedora Social del Año según revista “Sábado” y la Fundación Schwab, la llevó a la reunión del Foro Económico Mundial en Río de Janeiro, donde le daban el premio. Allá fue nombrada Emprendedora Social de Latinoamérica. Eso sí que no se lo esperaba. Por eso se dedicó a hacer las tareas y esos días conversó y se puso en contacto con todos quienes podían hacer un vínculo fructífero. Su marido, quien se había quedado en Santiago, partió a Río cuando supo que el propio Presidente Lula da Silva le daría este premio.

Muestra su foto con Lula como una colegiala del fan club. Luego se pone seria y cuenta que siempre ha sido de bajo perfil, pero que después de este premio vinieron otros, de la Cámara Chilena del Libro, el Edward Said de la Fundación Palestina, y para culminar se sacó el premio del Sello Bicentenario. Reconoce que todo esto les abre puertas a sus proyectos de lectura, pero lo que más le gusta de estos premios es que ahora todos le contestan el teléfono.

Una respuesta

  1. I am proud of you!

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