DIBAM, Santiago, Chile. 14/02/2008

Amaranta Alfaro

Luego de un 2007 lleno de actividades, entre las que destaca la suma del legado de la poetisa y Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, provenientes desde Estados Unidos a la colección de la DIBAM. Nivia Palma, cabeza de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos, se plantea metas y desafíos para el año que comienza, inaugurando una sede para empezar con renovadas energías este 2008.

El 2007 será recordado como el año en que el legado de Gabriela Mistral retornó a Chile. ¿Cuáles son los proyectos que tiene la DIBAM para el año que recién comienza?

“Tengo la impresión de que el Registro de Propiedad Intelectual quedó rezagado del desarrollo que tuvo la DIBAM. Por lo que consideramos que el año 2008 es un gran momento para destacar el rol que cumple el Registro y el Departamento de Propiedad Intelectual dentro de la DIBAM y para el país. Allí se está registrando, como su nombre lo indica, toda la creación que se hace en Chile en distintos ámbitos y eso constituye un medio probatorio de un gran impacto para toda la comunidad cultural y también de otros ámbitos. Lo que hemos estado haciendo a partir de que asumí el año 2006 es mejorar la infraestructura, generando, nuevos soportes tecnológicos para que la información esté disponible para el público, para que tengamos registros idóneos y sistemas de archivos de los materiales, adecuados. En eso hemos estado trabajando de manera muy intensa”.

En este sentido, ¿cuál será el acontecimiento que marque el 2008 para la DIBAM?

“Este año vamos a tener un hito histórico, puesto que el Departamento y el Registro de Propiedad Intelectual van a tener una nueva sede en el Edificio de calle Herrera, donde antes estaba el Museo Salvador Allende. Una construcción de gran valor patrimonial, que es propiedad de la Municipalidad de Santiago, con la cual hemos logrado un acuerdo de comodato. Si bien este edificio ya fue restaurado, en este momento se están restituyendo algunas zonas. Es una construcción preciosa, con muchas oficinas y con un patio maravilloso. Estoy convencida que este lugar le dará la relevancia que el Registro de Propiedad Intelectual merece y el público va a ser atendido con mayor dignidad. Vamos a poner nuevas tecnologías a disposición para nuestros usuarios y funcionarios de manera que puedan aprovecharse los niveles de modernización de la institución. Tendremos usuarios presenciales y usuarios virtuales, que tendrán acceso a información clara respecto de lo que está ocurriendo en materia de registro de propiedad intelectual en Chile”.

“Estoy muy contenta con la actitud que ha asumido el equipo del Departamento de Propiedad Intelectual. Han asumido esto como un nuevo desafío, una gran oportunidad, creo que efectivamente el Registro de Propiedad Intelectual cumple una labor social y cultural muy importante y tenemos que darle la dignidad que se merece. Vamos a inaugurar en su oportunidad con toda la comunidad cultural un nuevo edificio, será un momento muy importante, no sólo para la DIBAM, sino también para los artistas, los productores y los editores. Estoy segura de que marcará el inicio de una nueva etapa, más fecunda, compleja y amplia del quehacer del DPI.

Para que Chile deje de ser “El Paraíso de los Piratas”, es necesaria una mayor educación ciudadana que refuerce la idea de Propiedad Intelectual y Derecho de Autor. ¿Cuál es su visión al respecto?

“Tenemos que asumir un rol mucho más activo para generar una concienciad de respeto a la propiedad intelectual, especialmente en los más pequeños: los niños y niñas. Creo que hasta el momento el Registro de Propiedad Intelectual históricamente ha cumplido un rol de simplemente registrar y certificar las inscripciones para efectos de litigios entre particulares u otra razón. Creo que el Departamento de Propiedad Intelectual de la DIBAM, debe contribuir en conjunto con el Ministerio de Educación, con el Consejo de la Cultura y las Artes, con el Consejo del Libro, con la Sociedad Chilena del Derecho de Autor y otras entidades a que la opinión pública, y particularmente los estudiantes, entiendan por qué es importante respetar el derecho de propiedad intelectual, por qué es importante no comprar libros o discos “pirateados”. Si es importante respetar la propiedad de una casa, de un auto, de un televisor, de un objeto, deben saber por qué es primordial que la obra de un creador, del ámbito de la música por ejemplo, debe ser respetada y que no se puede tomar esa música y usarla a su antojo, sin su autorización. Aquí hay una dimensión, como se dice en derecho, moral y patrimonial, la moral se refiere a cuando el autor no quiere que su música se use en una película o con un objetivo para el cual no fue creada. Él también puede dar la autorización pero a cambio de un pequeño precio para que pueda vivir de su trabajo. Creo que ahí se abre una segunda dimensión, que consiste en cómo el Registro de Propiedad Intelectual y el DPI de la DIBAM son parte de un esfuerzo mayor de la sociedad y del Estado de generar conciencia de respeto de la propiedad intelectual”.

Respecto a este punto, ¿cómo se busca crear conciencia más activamente?

“Creemos que a los adultos, uno le cambia poco los hábitos, incluso se puede llegar a modificar mucho más los comportamientos de los adultos, por la vía de cambiar las conductas de los niños. Cuando los hijos llegan a la casa y le dicen a los papás que no se puede piratear música o una obra literaria, es mucho más fuerte para los padres. Creo que ahí está la base, para empezar a comprender que esto no es un tema de las grandes trasnacionales, no es un problema de los norteamericanos, es un tema de nosotros de todos los días. Los libros de Pedro Lemebel, se venden en la calle una semana antes de ser publicados, y esto significa que no sólo pierde la editorial, sino que Pedro Lemebel, ya que, ¿qué editorial va a estar dispuesta a publicar sus obras si sabe que apenas lo editan lo tienen pirateado? Este es un tema sobre el cual tenemos que hacer mucha más conciencia, y creo honestamente y con mucho respeto que la DIBAM quedó al margen de este trabajo durante muchos años. Para la DIBAM no fue una preocupación, por lo menos en mi gestión quiero que el Registro y el Departamento de Propiedad Intelectual lo tengan como inquietud. Tomarlo de manera mucho más activa, pero sabiendo que no lo hacemos solos, sino que en relación a entidades que tienen una larga historia y trayectoria en este tema: como la Sociedad Chilena del Derecho de Autor (SCD), como la Comisión Nacional Antipiratería (CONAPI), como el Ministerio de Educación, en Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el Consejo del Libro y tantas otras instituciones”.

Pasando a otros temas: ¿Cuál es su percepción sobre los medios digitales como difusores de la cultura?, ¿se verán eclipsados los soportes?

“Creo que las nuevas tecnologías han abierto grandes oportunidades de democratización del conocimiento, de acceso a la información y de visibilidad de comunidades culturales. Pero también, como todo fenómeno, tiene sus complicaciones, y entre tantas otras, tiene el inconveniente de que también se puede abusar de la libertad y usar obras de otros sin ninguna consideración o respeto. Creo que en el mediano plazo estos sistemas tienden a la autorregulación, y a la vez van surgiendo normas internacionales. En este sentido, la OMPI (Organización Mundial de Propiedad Intelectual) está muy preocupada y ha avanzado para poder de alguna manera normar, permitiendo básicamente que exista un porcentaje de música o de textos que se puedan usar, casi como la dimensión de derecho a cita, y que no se pueda acceder más que a eso, dejando lo demás bloqueado y que, quien permita el abuso sea finalmente sancionado. Creo que no hay que asustarse, siempre al comienzo ocurren estos fenómenos, pero a la larga creo sin duda que Internet ha sido una gran oportunidad de movilización del conocimiento y tampoco creo que vaya a sustituir otros soportes, más bien son complementarios, porque finalmente frente a la pantalla del computador a uno se le cansa la vista, por tanto lo que uno tiende a hacer es imprimir el texto y leerlo desde el papel. Lo que está ocurriendo ahora es que se están armando algunos negocios en línea, donde se pueden descargar las obras completas pero se le debe pagar a una entidad que a su vez le paga al autor. Creo que no hay que ver esto como una amenaza, sino como una complementariedad, creo que muchos jóvenes y niños están leyendo vía Internet, y así probablemente terminan leyendo en textos de soporte papel, y lo mismo en el caso de la música, primero la escuchan en Internet y en algún minuto terminan por comprar el disco”.

¿Cuál es su opinión frente a quienes aseguran que a raíz de las excepciones propuestas en el proyecto de ley, las bibliotecas dejarán de comprar libros, ya que les estará permitido fotocopiarlos?

“Sobre ese tema he hecho internamente planteamientos al Gobierno en cuanto a lo que pienso. Creo que todos aspiramos a que en las bibliotecas públicas se encuentren los libros originales, evidentemente ninguna biblioteca desea tener libros fotocopiados. La excepción tiene que ver, más bien, con los libros que ya no están en el mercado o se trata de libros patrimoniales que para que puedan ser consultados sin destruir los originales, se fotocopian”.

¿Cómo afecta el Tratado de Libre Comercio a nuestro país en términos legislativos en relación a la propiedad intelectual?

“El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos tuvo efectos legales para nosotros en materia de propiedad intelectual, en el sentido de ampliar el período de vigencia de los derechos autorales de 50 a 70 años, eso es parte de la legislación. Evidentemente, a mí en lo personal es una norma que no me gusta. Yo no estaba en ese tiempo en el Gobierno para haber opinado, pero creo que con 50 años era absolutamente suficiente, pero así son las cosas con los TLC, tienes aspectos muy positivos y también tiene algunas dimensiones que son más complejas para el país que los suscribe”.