El Mercurio, Santiago, Chile. 10/02/2008.

Quedó fuera del Maletín Literario, pero acaba de lograr un cupo como miembro del directorio del Consejo Nacional de la Cultura representando a la Cámara del Libro. Los editores independientes mediante una carta abierta a la Presidenta de la República lo han acusado de representar intereses transnacionales. En esta entrevista, Pablo Dittborn se defiende.
Óscar Contardo

En 2006, la matriz de Random House remeció a su filial chilena. Quería mejores resultados para un mercado pequeño y mal lector. Nombraron a Pablo Dittborn en la dirección general con el encargo de mejorar los resultados. Ya no más oficinas modernas, con planta libre, sala de exhibición y ascensores veloces. Pablo Dittborn fue el encargado de hacer los recortes en un negocio que conoce como quien conoce a un grupo de amigos de toda la vida. Un grupo que ha estado con los ánimos revueltos el último tiempo. El lunes pasado, la Asociación de Editores de Chile -que agrupa a las editoriales independientes- envió una carta abierta a la Presidenta rechazando el nombramiento de Dittborn como parte del directorio del Consejo Nacional de la Cultura. Dittborn había sido postulado por la Cámara Chilena del Libro en su representación, pero los editores independientes sostienen que representará los intereses de una multinacional (Random House) y que su postura contraria a una política del libro los afectará. En la carta, se afirma que Dittborn habría dicho que “la mejor política del libro es no tener política del libro”.

-¿Usted dijo eso?

“Yo jamás he dicho que la mejor política del libro es no tener política del libro”.

-¿Le sorprendió la carta de los independientes?, ¿sabía de su envío?

“No, no sabía. Tuve una reunión con ellos en la Cámara del Libro el viernes 25. Había gente de la Cámara y del gremio de los editores independientes. Ahí, Eduardo Castillo (presidente de la Cámara) dijo que la finalidad de la reunión era crear un nuevo clima de trabajo entre ambas asociaciones gremiales. Después me llegó la carta. Me sorprendió… pero la verdad es que ese tipo de cosas la han hecho tantas veces…”.

- ¿Quiénes?

“La Asociación de Editores Independientes que cuando estábamos reunidos con ellos es una cosa, y después, otra”.

-¿Cómo se gestó su nombramiento en el directorio del Consejo de Cultura?

“Se abrió por ley el concurso para representantes de las industrias culturales. Supongo que todas las asociaciones gremiales postularon. En una reunión de la Cámara Chilena, se habló de nominar a alguien en representación del gremio, y me nominaron a mí. A la Presidenta le llegó mi postulación como representante de la Cámara Chilena del Libro, y resolvió. Yo me enteré un día arriba del Transantiago, cuando me llamó la ministra Urrutia”.

- ¿Se siente representando intereses de una transnacional?

“No. Tengo un alto grado de independencia para decidir lo que publico y cómo lo hago”.

-¿Cuál es el lugar de Chile en la industria latinoamericana?

“Dejando de lado a Brasil en América Latina, hay dos grandes mercados: México y Argentina por lejos. Convengamos que México primero y Argentina segundo. Argentina editorialmente es cinco veces Chile medido en ejemplares. En dinero, depende del tipo de cambio. Chile hoy vende curiosamente más que Colombia y Venezuela, para nombrar a los medianos”.

-¿Ha variado eso en la última década?

“Diría que la venta de libros ha aumentado. Ha habido fenómenos como ‘Harry Potter’. Ahí hay un segmento etario que venía de cero lectura y que se incorpora a este fenómeno. Luego ha habido otros fenómenos como ‘El Código Da Vinci’, que vendió en Chile 60 mil ejemplares, una novela de un autor que era nadie, de una editorial que lo ha hecho muy bien, como es una editorial pequeña como Urano, de un señor chileno que vive en Barcelona. Otro fenómeno es Isabel Allende, quien después de haber tenido una baja con ‘El Zorro’, con ‘Inés del Alma Mía’ ha superado los 40 mil ejemplares”.

-Pero, desde hace dos o tres años, las editoriales han estado en crisis. Muchos cambios de directivos, recortes de planta…

“Simplemente no ganaban dinero. Los niveles de exigencia de los socios (las casas matrices) fueron aumentando. Supongo que es lo que les pasa a mis colegas también, pero hablaré de mi caso. A mí no me permiten un resultado final inferior al 10 o 12 por ciento de facturación. Esto quiere decir que, si yo facturo 3 millones de euros, yo debería generar beneficios por 300 mil euros. Eso me exigen a mí, a Argentina y a todas las oficinas. Antes era el 3 por ciento. Cuando llegué a esta oficina en marzo de 2006, venía con esta imposición, me dieron un tiempo, dos años. Yo recibí esta oficina con 48 personas y la bajé a 18. No es algo para enorgullecerse, pero conseguí que 15 de esas personas siguieron trabajando en el mismo rubro”.

-Pero la impresión es que desde hace dos años todas las editoriales se achicaron…

“Porque vivíamos una cosita fantasiosa. Pero de repente tuvimos que enfrentar que el mercado era como era y que el ajuste tenía que hacerse por los gastos y no por la venta”.

-¿Se achicó el mercado en Chile o éste se sinceró? ¿En Chile, siempre fue para que las editoriales trabajaran en las condiciones actuales?

“Si. Se sinceró. Lo otro fue un volador de luces. En un mercado pequeño, que una sola empresa publicara 48 títulos era una exageración. Con Germán Marín (editor), redujimos de 48 a 12, hoy estamos en 14 y el próximo año tendremos 16. Y eso nos parece más que suficiente, porque de fuera me traigo unos 300 títulos. La apuesta la hago en lo nacional porque tengo que imprimir una cantidad mayor”.

-Encontrar información en Chile sobre número de libros vendidos o tasas de lectoría históricas es difícil o imposible. ¿Las casas centrales de las editoriales internacionales piden ese tipo de información?

“Todos sabemos en América Latina que ésta es una industria que se maneja con muy poca información. El único que tiene información fidedigna es México. Lo que hacemos es que, un poco a lo amigo, yo le pido a las dos grandes cadenas de librerías que me den su información de ventas. Yo tengo cuánto vendió la Feria Chilena del Libro y Antártica en dinero y en ejemplares en un año. Esos dos clientes representan el 32 a 34 por ciento de la facturación, entonces eso se extrapola”.

- ¿Por qué es tan difícil obtener información sobre cifras de ventas de libros en la Cámara?

“Porque no tienen. La cámara lo que tiene son los registros del ISBN (International Standard Book Number), que son títulos. Uno presenta un formulario que dice cuánto va a imprimir, pero lo que queda fuera de esa información es una segunda edición. La Cámara tampoco tiene información sobre lo que se importa. Hay un montón de información que no tiene la Cámara. El porqué… por pequeñeces…”

- ¿El agrupamiento de las editoriales independientes es un síntoma de cambio del mercado del libro?

“Yo te voy a dar un ejemplo de editorial chica, independiente o como quieras llamarle, que felizmente no es chilena y que nunca anda llorando ni reclamando. El ejemplo es la editorial Salamandra. Su dueño es Pedro del Carril, quien se peleó con su papá, Bonifacio del Carril, dueño de Emecé, se estableció en Barcelona y armó Salamandra. Él se consiguió los derechos de “Harry Potter” en castellano. No le lloró a nadie, no criticó a las transnacionales, no dijo nada. Se consiguió el mejor título de los últimos 50 años. Salamandra acaba de publicar el libro “El niño del pijama de rayas”, ese libro fue publicado en inglés por Random House, Random España no lo consiguió y se lo llevó del Carril para Salamandra, y lleva 10 ediciones en España”.

- Eso significa que la clave es conseguirse los derechos de un best seller…

“Te puede cambiar la vida for ever. Joaquín Sabater es otro independiente. Director de finanzas de editorial Pomaire en los 60 y principio de los 70. Joaquín armó una editorial en Barcelona y se consiguió los derechos de “Quién se ha robado mi queso”, y se fue para arriba. Años después se consiguió “El Código de Da Vinci”, que había sido editado en inglés por Random House, y a Random España no le tincó. Y este señor de una editorial chica, que nunca le lloró nada a nadie, se lo agarró”.

-Así, las quejas de las editoriales independientes es porque no consiguen un best seller.

“Por supuesto. Javier Vergara fue el que consiguió y le puso el nombre a “Juan Salvador Gaviota”, porque en inglés ése no es el título. Él era un chilenito que vivía en Barcelona. Pero él se organizó profesionalmente y lo hizo. Y hoy Urano tiene casa central en Barcelona, oficina en México, Miami y Buenos Aires. Entonces, ¿por qué hay que llorar? ¿Cuánta plata le pidió al estado español? Cero. Es cierto que tiene un mercado base grande, que es el español, pero aquí hay algunos a los que les ha ido muy bien . A Lom le fue muy bien con el libro de Tomás Moulian en los 90 (”Anatomía de un mito”). Entonces, supongo que estarán sin problemas para seguir editando”.

-¿ Qué porcentaje de mercado chileno tiene Random?

“Aquí nadie tiene más del 10 por ciento”.

El Maletín y el IVA

Random House fue una de las editoriales que no lograron un cupo en el Maletín Literario. El sello quedó fuera del proyecto más vistoso del gobierno en su política de difusión lectora, en la que Dittborn ahora tendrá una voz en el directorio del Consejo Nacional de la Cultura.

-¿Cuánto significaba para Random ganar el Maletín?

“Presenté 8 títulos y había 3 que yo sentía seguros: “La Casa de los Espíritus”, de Isabel Allende; “Papelucho” y “La Cocina Popular Chilena”. Sólo Isabel Allende en tapa dura le hubiera significado a la editorial una facturación de 300 millones de pesos. Yo facturo 2 mil 100 millones de pesos al año, entonces este título habría sido casi un 15% del total. Si hubiera ganado los tres títulos que yo veía como los más probables, habría tenido 700 millones de pesos de facturación. Eso es el 33%. Es decir, mucha plata”.

-Si era algo que se podía o no ganar, ¿cuál es el reclamo?

“La tabla de evaluación del ministerio para postular a la licitación no contemplaban tapa rústica para narrativa infantil. Entonces que alguien me explique por qué ganaron libros con rústica. Porque podrán decir que “El Principito” no es infantil, pero los “Cuentos de los Hermanos Grimm” o “La Comarca del Jazmín”, de Óscar Castro (ambas de Ed. Andrés Bello), son infantiles. Yo me presenté con “Papelucho” sólo en tapa dura”.

-¿Y la pelea por el IVA?

“Yo sostengo que el IVA deberíamos considerarlo casi un impuesto redistributivo. Convengamos en que la gente que compra libros en su inmensa mayoría tiene ingresos superiores a la media, superiores a 455 mil pesos. Prueba de eso es donde están ubicadas las librerías. Hay librería en Maipú porque hay mall. Recolecta se dice la comuna bohemia y cultural, y no tiene librerías. Ñuñoa tampoco, salvo que haya un mall. Hoy, el mejor activo que tiene un amigo mío es su librería en el mall de La Dehesa. Si esa gente está pagando el 19% de IVA, que sirva para que el Estado compre libros para las bibliotecas públicas donde son gratuitos para esa gente que no puede pagar. Una rebaja del 19% no hace explotar el mercado. El mercado lo hace explotar una rebaja del 80% como la que hacen los piratas, que cuando un libro vale 10, ellos lo venden en 2″.