La Nación, Santiago, Chile. 10/02/2008.

Sesenta años, hijo del organizador del Mundial del 62, ex novio de la ex ministra Karen Poniachik y amigo del poder. Hoy, quien comenzara su carrera de editor en la mítica Quimantú y terminara en la gerencia de Random House Mondadori, es cuestionado por Editores de Chile: “Su discurso siempre está relacionado a sus intereses”.

Rodrigo Alvarado E.
Dicen que la cultura no da para desangrarse, pero la decisión de la Presidenta Michelle Bachelet de poner al editor literario Pablo Dittborn en un sillón del directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) hizo que la sangre llegara al río. La forma fue una carta abierta de Editores de Chile, que sostiene la incompetencia de su cargo con la gerencia general de la multinacional Random House Mondadori.

“Es como nombrar en la Comisión Nacional de Energía a quien fabrica los reactores en Inglaterra”, agrega el gerente general de Pehuén Editores, Sebastián Barros. Para el miembro del gremio paralelo a la Cámara Chilena del Libro, donde Dittborn es director, “la forma de operar de las editoriales extranjeras en América Latina impide que haya sellos que desarrollen el mercado. Consideran que es de ellos y él, como gerente, obedece a esos intereses”.

En la misiva se destacaba el hecho de que Dittborn ha dicho que “la mejor política del libro es no tener política del libro”. Y la cámara, como nunca, decidió contestar las críticas. La directora Jimena Pizarro sale en su defensa apelando a su larga trayectoria: “Lo han tergiversado mucho desde Editores de Chile. Pablo ha estado a cargo de editoriales grandes, pero nunca ha dicho eso. También está por un IVA diferido, aunque no es lo más importante, la lectura se promociona en las escuelas, las bibliotecas, eso es prioritario y él está preocupado del acceso”.

La rivalidad entre gremios es otro dato de la causa en la que encaja Dittborn. En 2006, Pehuén y otras editoriales con doble militancia renunciaron a la cámara, luego de cuestionar la participación de sellos extranjeros entre quienes los representarían en el consejo. “Se indignó, dijo que era una decisión de la directiva. Por un lado es dueño del The Clinic , un medio libertario, y sin embargo, en la cámara su postura es contraria. Es difícil decir cuál es el discurso de Pablo, porque siempre tiene que ver con sus intereses”, remata.

Según Barros, la posición contraria de Dittborn al Maletín Literario (publicada como una columna en “La Tercera”) tuvo un solo objetivo: “Ganar tiempo para que las editoriales de la cámara pudieran tener listas sus propuestas de libros. Maquetas que ellos no tenían en ese minuto”.

Aunque Dittborn se ha cuidado de referirse al tema, un colaborador suyo sostiene que “Editores de Chile lo odia porque es un tipo que conoce la industria, es muy hábil y tiene el negocio en las venas”.

La camarilla

En 2001, cuando Pablo Dittborn manejaba Ediciones B en Chile y Argentina, tuvo una idea que lo revela en la industria literaria. Como si fueran Coca-Colas, puso dos dispensadores en el Metro para ofrecer 20 títulos que rotaban de acuerdo a las ventas. Antes, “The Clinic” supo de su mano, cuando llegó al pasquín para darle estructura de empresa, después de ocho números gratuitos.

Sin embargo, lo que mejor define a Dittborn son sus contactos. Como recuerda un ex colaborador, “la camarilla es lo suyo”, y agrega que “es complicado trabajar con Pablo. Es una persona superinteligente, pero autocrática, nepotista y acostumbrado a las redes de influencia. Random venía saliendo de una debacle y él ordenó la casa, pero a través de movidas extraeditoriales, como sus contactos personales con directores de medios, su negocio, The Clinic y su relación con su ex novia”.

El mediático cientista político Patricio Navia es uno de los inseparables de su ex, la también ex ministra de Minería, Karen Poniachik. Su volumen “Que gane el más mejor”, publicado por Random, estuvo 27 semanas entre los diez libros de no ficción más vendidos. Su amigo del pasquín, Rafael Gumucio, lanzó por el sello sus “Páginas coloniales”, y Raúl Sohr, “El mundo y sus guerras”.

“El negocio de las universidades en Chile”, de María Olivia Monckeberg, fue la continuación de “La privatización de las universidades: una historia de dinero, poder e influencias”, editado por su socio Patricio Fernández en Copa Rota. Y por supuesto su gran amigo Max Marambio le confió “Las armas de ayer”.

“Los contactos son parte de su pega. Los editores son nodos, tienen que vincular lectores, capitales, diseñadores y escritores. Un editor sin contacto es un editor muerto”, dice el diseñador Guillermo Tejeda, tercer socio en la fundación de “The Clinic”, que sin embargo renunció meses después por diferencias con la gente que llevó Fernández.

Chispazos

Otro de los puntos en que se detuvo la carta abierta de Editores de Chile es en la oposición manifiesta de Dittborn al desempeño del Consejo de la Cultura respecto al libro. De hecho, cuando la ministra Paulina Urrutia dijo a “El Mercurio” que ella era la persona que más sabía de políticas culturales en Chile, el editor replicó en La Nación Domingo, asegurando que fue “un pecado de soberbia brutal”: “No sé con quién se testeó, qué campeonato ganó, qué concurso le dio esa categoría. Es un gran pecado de arrogancia”.

Y agregó: “Esta es una nueva gran patinada suya, porque diez días antes, en la revista Caras , había dicho que los libros en Chile eran caros, porque pagaban derechos. Y los libros en Chile no pagan derechos de aduana desde hace 60 años”.

Fuentes del consejo dicen que nadie conoce el parecer de la ministra sobre esta designación, “por lealtad a la Presidenta, pues es de las pocas que siguen del primer gabinete”. La única opinión al respecto la entregó en una entrevista con Cecilia Rovaretti en Radio Cooperativa: “El consejo y su directorio aseguran la pluralidad de opiniones, y una opinión no va a conformar la opinión plural de un directorio”.

Y es que cuando todos pensaban que la Presidenta lo había llamado, hace tres semanas, para ofrecerle su anhelada agregaduría cultural en Argentina, supieron que los planes de Bachelet eran otros y los de Dittborn en las próximas semanas, según dicen, también. En lo que nadie tiene dudas es que era el único ex mapu que no tenía cargo político. Hasta ahora. LCD