La Nación. Santiago, Chile. 1/07/2007
El pasado 21 de mayo la Presidenta anunció la entrega de un paquete literario que beneficiará a 400 mil familias de escasos recursos. ¿Se leerán esos libros o terminarán vendidos en una feria libre? ¿Internet versus García Márquez y “Papelucho”? Hablan Jorge Montealegre, Pablo Dittborn, Rafael Gumucio, representantes de Zig-Zag, Océano y Santillana.
Jordi Rovira
“Me aburro”, dijo Homero Simpson. “¿Por qué no coges un libro?”, le preguntó su mujer Marge, a lo que su marido le respondió: “lo que intento es reducir aburrimiento”. Esta breve conversación de la familia más popular de Springfield ilustra a la perfección lo que ocurre con muchos de los jóvenes en los colegios.
La adolescencia nunca se ha llevado demasiado bien con la literatura, pero todo apunta a que en los últimos años esa difícil relación se ha agravado todavía más. Antes los alumnos podían leer estructuras sintácticas más complejas. Ahora éstas deben ser más simples porque sino se pierden. Además, la ortografía de los jóvenes del tercer milenio es más empobrecida que la de generaciones pretéritas pues no perciben la necesidad de disponer de un rico vocabulario ni de escribir correctamente.
¿Nos interesan los libros por el sólo hecho de tenerlos a nuestro alcance? El pasado 21 de mayo la Presidenta, Michelle Bachelet, anunció la entrega de un maletín literario que beneficiará a 400 mil familias de escasos recursos. Material que se entregará desde el próximo año hasta 2010. La iniciativa que representa 130 mil copias de cada título que se incluya en el maletín tiene alerta a las editoriales por las ganancias que puede proporcionar el negocio (ver recuadro).
Planeta Internet
Para entender el porqué de este fenómeno de la falta de interés por la lectura debemos empezar por echar un vistazo al retrovisor de la historia, cuando el mundo todavía no había pisado el acelerador. Eran los años setenta y la revolución tecnológica sentaba las bases de un proceso que, dos décadas después, alcanzaría su momento clave con la aparición de Internet.
Don Tapscott, uno de los profetas de la revolución informática, advertía en su libro “Growing up digital” que “por primera vez en la historia, los niños son más expertos que sus padres con relación a una innovación central para la sociedad”. Desde entonces, esta brecha digital generacional no ha dejado de agrandarse, lo que implica que los más jóvenes no sólo estén por delante de sus progenitores sino incluso también de sus profesores. No en vano, se ha repetido por activa y por pasiva que la generación de jóvenes actuales es la mejor preparada de toda la historia.
Años antes, Giovanni Sartori había escrito “Homovidens. La sociedad teledirigida”, donde describía al hombre actual como un ser que responde casi de manera exclusiva a los estímulos audiovisuales y es insensible a los estímulos de la lectura y del saber transmitidos a través de la cultura escrita. Otros intelectuales como Harold Bloom, apuntan que la narrativa “a pesar de que todavía no está muerta, se está muriendo y se ahogará en el océano de Internet”.
Razonamiento disperso
Todos coinciden en el hecho que los adolescentes actuales han crecido rodeados de aparatos electrónicos desde que tienen uso de razón, lo que ha configurado su visión de la vida. El teléfono móvil o Internet, por poner algunos ejemplos, forman parte de su mundo.
Ello ha propiciado que sus mentes sean más hiperactivas que las de sus predecesores aunque su razonamiento también es más disperso. Para ellos prevalece aquello efímero, veloz y no lineal. Este cambio antropológico y sociológico afecta de lleno una actividad como la lectura y, por extensión, el sistema escolar.
Así pues, la comunicación entre profesores y alumnos, los nuevos géneros textuales (hipertexto, chats, literatura digital), la facilidad de plagiar documentación colgada en la red, el acceso a laberínticas bibliotecas virtuales y, sobre todo, la falta de atención que castiga a los hijos de la revolución digital, son algunos de los cambios producidos en las nuevas generaciones que abren tantos interrogantes como retos en las salas de clases con olor a pan con jamón.
¿Cómo promover la lectura?
Por J. G.
Rafael Gumucio (Escritor): “Frente a una crisis tan grande de lectura en Chile, todos los métodos son buenos. Igual creo que habría que eliminar el IVA al libro, los estudiantes deberían tener un carnet de rebaja para comprarlos, hacer bibliotecas acogedoras y programas de fomento. El maletín no es malo, pero debiera ser una maleta, o mejor un container”.
________________________________________
Ana María Rivera (Editora infantil de Santillana): “El maletín servirá en la escuela, pero también en la casa a los adultos, y así compatibilizar el interés por la lectura y la imposibilidad de acceder a ella. Para los niños, las nuevas tecnologías es algo normal, y para la literatura es un nuevo lector; por ejemplo un niño puede estar leyendo en el computador un cuento de Cortázar y a la vez estar comunicándose con un amigo. Alfaguara tiene un programa para los colegios que se llama ‘Lectores en red’, lo que también le ayuda a reflexionar de otra manera al profesor”.
________________________________________
Eugenio Astudillo (Director general Grupo Editorial Océano-Chile): “Hay gente de diferentes editoriales que ha querido aportillar este tema, porque es un negocio jugoso. Nosotros somos la editorial que más factura en el país. Una enciclopedia es una obra trasversal, por ejemplo, si el 50% de esa gente la aprovecha ya es un logro. Hay personas más preocupadas por el negocio que por el tema central. Nosotros tenemos atlas y diccionarios actualizados, y hacemos un trabajo en los colegios. El año pasado imprimimos 150 mil libros escolares que repartimos en todo el país. El tema no es bajar el precio del libro, porque se puede regalar, pero si no se lee…”
________________________________________
José Manuel Zañartu (Gerente editor de Editorial Zig-Zag): “La llamada a la creación del maletín es pobre, porque los niños necesitan un tipo de libros, los adolescentes también; es imposible tirar a la bandada, no se puede entregar tres o cuatro títulos porque ¿para quién va? Hasta un atlas y diccionario debe estar dirigido. Ahora la iniciativa es muy loable, hay recursos, pero las condiciones para motivar la lectura son precarias, la gente puede cambiar los libros por cosas de primera necesidad; quizá es mejor hacer jardines infantiles”.
________________________________________
Pablo Dittborn (Editor general de Random House Mondadori): “Tengo la impresión que es positivo esto del maletín, pero a la vez sería ideal que hubiese un mecanismo paralelo que incentivara la lectura. Creo sin embargo, que sí hay familias preparadas para esas lecturas, y por ende es un gran paso. Ojalá que esas familias reciban motivación permanente”.
________________________________________
Jorge Montealegre (Secretario ejecutivo del Consejo Nacional del Libro y la Lectura): “El maletín es complementario con el plan nacional del Consejo del Libro, que se une con los planes del Ministerio de Educación, y con la comunidad en general. En ese sentido la idea del ministerio es compatible, pero hay que tener en cuenta el cambio tecnológico que afectan las formas de promover la lectura. Creemos que hay que revisar la inclusión de nuevas tecnologías en la educación, porque los hábitos de lectura y de escritura ya no son los mismo”.