www.forociudadano.cl, Santiago, Chile. 05/03/2007.
Colecciones clásicas y actualizadas están al alcance y, en casi todas las regiones del país, es posible acceder a ellas gratuitamente. Están en las bibliotecas públicas, en las escuelas, en puntos de préstamo fijos, en las ferias y también en buses o lanchas que transportan libros a lugares apartados.
Preocupada por los índices relacionados con los hábitos de lectura en la población nacional, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos lleva años implementando experiencias que facilitan el acceso a literatura y a ediciones de diferentes temáticas. Dentro de éstas, las más exitosas son tres: el proyecto Bibliometro instalado en 10 estaciones de Metro de Santiago; el Casero del Libro, un puesto en la feria libre de cada comuna; y el Dibamóvil, un bus convertido en biblioteca para repartir libros en apartados lugares del país.
Los contenidos que se ofertan gratuitamente a la comunidad abarcan diferentes géneros literarios y también informaciones de carácter técnico y especializado. La idea de los servicios es fortalecer la lectura amistosa, pero también se han convertido en un aliado de los bolsillos familiares porque cuentan con textos contemplados en los planes educacionales.
Y aunque el objetivo de las experiencias de prestación de libros es promover el hábito lector, acercar la literatura y no subsidiar los planes gubernamentales o las bibliotecas escolares, son un aporte a la economía doméstica en cuanto solucionan problemas en la compra de libros.
Aún quedan barreras que estos programas deben sortear –como el ítem vinculado a la devolución de las obras- los préstamos de libros van en aumento y, anualmente, la pérdida de las ediciones no supera el 5%.
Un libro en el vagón
Los viajes pueden ser más placenteros en compañía de un buen libro. Seguros de esa afirmación, la DIBAM en conjunto con Metro de Santiago idearon en 1995 el programa Bibliometro, un servicio básico con funciones concretas: prestación de libros en diez estaciones de Metro y en el Bibliotren ubicado en la Biblioteca Nacional, a los cuales se le suma un servicio de internet gratuito suministrado por Biblioredes para desarrollar actividades laborales, académicas o recreativas.
Bilbiometro ya es parte del paisaje urbano. Así lo asegura Paulo Morales, coordinador del programa, quien cuenta que “ha colaborado a fomentar hábitos de lectura y ha llevado el libro a personas que tienen la lectura incorporada como un hábito permanente”.
A la fecha, más de 90 mil personas han disfrutado de sus beneficios y existen más de 30 mil socios activos que pueden solicitar libros en las estaciones Plaza de Armas, Baquedano, San Pablo, Cal y Canto, Ciudad del Niño, Los Héroes, El Golf, Bellavista de la Florida, Puente Alto y Tobalaba.
Para inscribirse como usuaria o usuario, sólo basta con presentar determinados documentos y cancelar un monto establecido según la condición del interesado. Una vez suscrito, se tiene el derecho de llevar hasta tres libros en préstamo por 14 días seguidos, renovables por igual periodo, los cuales pueden devolverse en cualquier módulo de Bibliometro o en los buzones disponibles en los mismos módulos.
¿Cómo ser socio?
La inscripción es gratuita para los menores de 18 años y mayores de 60, sólo tienen que presentar una identificación, además un documento que acredite domicilio a nombre del interesado. En el caso de los menores de edad el documento debe estar a nombre de algunos de los padres. Los estudiantes mayores de 18 años, deben cancelar además una cuota anual de $1.000. En tanto, la persona mayor de 18 años que no esté estudiando, deberá pagar una cuota de incorporación de $3.000. Más información en http://www.bibliometro.cl/
Cada vez son más las personas que se adhieren a esta iniciativa, por lo que Morales cuenta que “los desafíos a futuro tienen que ver con la cobertura a medida que el Metro se siga extendiendo. También queremos seguir innovando en las colecciones, nuestra idea es seguir siendo sensibles en lo que la gente demanda, seguir respondiendo a las necesidades de entretención e nformación”.
¡Llévelos gratis casera!
Valiéndose de lo cotidiano, otra práctica de impulso lector de la DIBAM es el programa Casero del Libro, puestos de locatarios que prestan obras en las ferias libres de cada comuna, coordinados y atendidos por personal de la Biblioteca Municipal del sector que corresponda.
El Casero del Libro se inició como un proyecto el año 2001 y hoy existe en 17 comunas a lo largo del país, entre las cuales figuran Arica, Calama, Copiapó, Ovalle, Doñihue (VI región), Yerbas Buenas (VII), Coelemu (VIII), Freire y Nueva Imperial (IX), Valdivia y Puerto Montt (X), Coyhaique (XI), Punta Arenas (XII), Lo Prado, Conchalí y La Florida (RM).
Las ediciones están dispuestas en canastos para realizar préstamos, mediante la biblioteca pública, a las vecinas y a los vecinos por una semana.
Los libros solicitados mediante el Casero del Libro, se pueden devolver en el mismo puesto instalado en la feria o en la biblioteca pública de la comuna que corresponda.
María Eugenia Ramírez es Casera del Libro de la comuna de La Florida en la Región Metropolitana y se siente una inquilina más dentro de la feria: “si bien hay gente que vende verduras, papas, abarrotes, nosotros tenemos libros. O sea, dentro de la canasta familiar que la gente va a comprar a la feria, está la entrega de un libro que no se vende”.
Por su parte, Flor Toledo, otrora coordinadora del programa, cuenta que “la experiencia ha sido súper positiva, sobre todo entre las mujeres de 20 a 60 años que suelen ser el público frecuente de la feria, pero también entre los hombres que llegan solicitando principalmente colecciones de albañilería”.
“Este servicio ha ayudado al fomento de la lectura y también ha dado a conocer la labor de las bibliotecas, así sirve tanto a la gente de la biblioteca como a la comunidad”, agrega.
Sobre ruedas
Si la montaña no viene a Mahoma, entonces Mahoma va a la montaña. En localidades donde el acceso a libros en préstamo se dificulta por ciertas características geográficas, entonces la literatura golpea la puerta de la casa.
Desde 1999, el Dibamóvil se encarga de esta tarea. Tal como su nombre lo dice, los dibamóviles son bibliotecas rodantes. Actualmente existen tres y recorren comunas rurales y urbanas de la IV, VII, y de la la Región Metropolitana, donde la gente sube al bus, recorre las estanterías abiertas disponibles al público y elige sus libros.
En 2006, se prestaron más de 30 mil ediciones a casi 10 mil socios, quienes disfrutaron además de actividades culturales locales.
Las personas que desean ser socios de esta entretenida biblioteca, sólo deben acercarse y presentar un comprobante de domicilio. A cambio, recibirán un carné de socio del Dibamóvil y podrán llevarse prestados los libros que deseen.
Jimmy Coll Castro es chofer de estas bibliotecas móviles y señala que “la experiencia ha resultado súper bien porque tenemos hartos socios, también muchos préstamos. Los lugares donde vamos son muy apartados y la gente se entusiasma cuando ve un móvil pintado, lleno de libros y con una colección actualizada. Además, tratamos de entregar tecnología con computadores y así, la gente no hace reclamos, sólo disfruta”.